ANGEL
Ha sido, quizá, en toda mi existencia almeriense, la segunda persona a la que he tenido que despedir en el Hospital, además de mi buen amigo Manolo. No podría decir que Angel fuera mi amigo en el uso extenso de la palabra, pues mi relación fue más bien laboral, y pronto su enfermedad lo apartó de mi contacto. Pero fue el trato suficiente para quererlo y fascinarnos. Lo bastante para poder aportar en estos momentos luctuosos mi testimonio para formar con su granito la compacta montaña de amor y recuerdo que forjarán de él sus seres más queridos. Yo siempre lo recuerdo en las guardias, junto a su compañero inseparable, también amigo mío y compañero de quinta, Angel Reina. Yo los llamaba los Angeles del Infierno, porque cada vez que coincidía con ellos de guardia, la mía se tornaba infernal, y en cierta medida por su colaboración desinteresada en encontrarme casos impertinentes y a deshoras. Pero nunca eso restó un ápice de humor a nuestros encuentros, que siempre eran divertidos....