Adagio extático
Lévy-Dhurmer - Eva La mayor parte de las veces, los compositores, como genios creadores y seres dotados de altas capacidades, estaban jalonados de diversas peculiaridades, manías u obsesiones. Pero en el caso de Anton Bruckner (1924-1996) podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que estas cualidades lo elevaron a la categoría de verdadero bicho raro. Nacido en el seno de una familia modesta, su padre le inculcó sus ocupaciones, cuales eran la enseñanza y la interpretación de órgano. La vida no fue especialmente cruel con él, o al menos no más que con otros músicos de antaño. Quedó huérfano de padre a los 13 años y su madre lo envió al no muy lejano convento de San Florián a completar sus estudios. Fue un virtuoso del órgano, pero no supo aprovecharse de su habilidad, con la perspectiva que nos da la historia, pues poco ha trascendido de sus obras para dicho instrumento. Devoto católico, de una timidez enfermiza, acuciada quizá por su poco atractivo físico, transmutó...