LA MAMADRE
Que no sea mi madre, me permite hablar de ella en la fecha que sea, ya que su día podría ser cualquiera, si es que no lo son todos. Guarda ella, no obstante, suficientes atributos como para dedicarle perennemente un rinconcito en mi corazón. Cuando trato de explicar a alguien de quién se trata, nunca hallo epíteto o apelativo que la defina. Algunos lo entienden como tata, otros chacha, otros sirvienta, algunos como tu otra madre. Pero para mí no es sino, simplemente... Carmelita. Lo cual la hace inclasificable e irrepetible. ¿Qué os puedo yo decir de ella?: A pesar de su vientre huero, de su arquitectura tronchada, de mi infancia ha sido ella fortaleza. Cobijo hallé en su delantal de cuadros, terneza en sus membrillos y empanadillas, de dulzura repletos, tal sus cancioncillas de catadura sencilla. Como cría, a fantasmas con presteza se disfrazaba, y a sustos, llantos, de morbideza nos teñía el rostro...