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Adagio soviético

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Renoir - Jovencitas al piano   Sin duda, la época más feliz de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)   fue la que arrancó tras el primer tercio de la década de los ochenta del siglo XVIII. Su vida se desarrolló, hasta entonces, en una jaula de opresión y coacción ejercidas por dos factores fundamentales. El primero, el cual era compartido por el resto de músicos, las dificultades, si no imposibilidad, de independizarse para ejercer su profesión de músico y compositor. Para muchos profesionales no era un problema, pues no se lo habían cuestionado con consistencia nunca, pero Mozart pasó toda su infancia , junto a su hermana Nannerl, haciendo giras bajo el auspicio de su padre, que exhibía sus habilidades en la interpretación del piano prácticamente como prodigios de feria. Aunque esto le robó la infancia, aparte de otros impactos negativos sobre su psique, le permitió darse cuenta de la posibilidad de poder vivir independientemente con el fruto de su trabajo. Pero chocaba con las...

Adagio hipnótico

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  Salvador Dalí -  Desnudo en la llanura Tenemos la tendencia a pensar que la vida de los artistas creadores tuvo que ser propicia – no diremos feliz – para la realización de sus obras, porque, si no, no se entiende cómo se puede alcanzar tanta perfección o tanta belleza. Como nosotros ya poseemos el resultado, es lógico pensar que las musas fueron favorables. Pero, como sucede muchas veces a los artistas modernos, cada cual presenta sus conflictos, que ni la fama ni el dinero pueden atemperar. Y es probable que estos surjan ya desde la infancia. En el caso de Sergei Rachmaninov puede que fuera determinante la figura del padre, mal gestor financiero, además de jugador, libertino y bebedor, dilapidando la buena posición social y económica de la familia, por lo que, una vez que abandonó a la madre, el resto de la familis tuvo que trasladarse a vivir a un modesto apartamento de San Petersburgo, al amparo del auxilio de la familia de la madre. La tendencia del niño fue la de n...

Adagio sinestésico

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Kandinsky - Amarillo, rojo y azul Todos los genios tienen siempre algún grado de excentricidad. El que nos ocupa, Alexander Skriabin  (1872-1915), llega mucho más lejos que eso. Fue un virtuoso pianista, que por supuesto empezó a destacar en su niñez. A pesar de sus pequeñas manos, a semejanza de Alicia Larrocha, que no llegaban a cubrir una octava sobre el teclado (es decir, que extendiéndola no podia depositar su pulgar y su meñique en dos “do” separados por una octava), compuso y tocaba piezas de extrema dificultad. Dificultad que también entraña la dilucidación del mensaje que transportan. Y es que su cultura y su excentricidad le llevó a interesarse por la teosofía, una corriente de nuevo cuño que propugna una sabiduría eterna obtenida de la fusión armoniosa de todos los conocimientos religiosos, científicos y filosóficos. Nada que, en cualquier caso, le pudiera desengañar de la tremenda hipocondría que padecía. Por otro lado, declaraba ser portador de habilidades sinestési...

Adagio caledonio

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John William Waterhouse - Dama de Shalott   Felix Mendelssohn  (1809-1847) es considerado hoy día uno de los baluartes del cimero romanticismo alemán. No obstante, su vida lo llevó por un sendero alejado del prototipo romántico. Si por romanticismo hemos de entender una actitud vital desafiante frente a las normas establecidas, impregnado de sensualidad e individualidad, ésta sólo podía manifestarse mediante una confrontación hacia las reglas más rígidas de la época anterior, el clasicismo. Mendelssohn, lejos de llevar una vida atribulada y bohemia, creció en un ambiente mimoso y protector, en el seno de una familia acaudalada, culta y prestigiosa, que le permitió, entre otras cosas, codearse con los prebostes de la élite cultural y artística de la Alemania de su tiempo. Esto le posibilitó adquirir una formación musical académica, basada en el estudio de las obras clásicas y barrocas, gracias a las inquietudes musicales que algunos miembros de su familia habían sentido, ent...

Adagio póstumo

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John Collier - La bella durmiente No fue Franz Schubert (1797-1828), quizá, el músico más afortunado de la historia. A sus orígenes humildes habría que sumarle su frustrada o frustrante vida amorosa, con un proyecto de matrimonio truncado por la oposición oficial ante su incapacidad económica de mantener una familia. Bajo el yugo conservador de Klemens von Metternich, quien fue canciller del Imperio Austro-Húngaro en esa época, se decretó una Ley de Consentimiento Matrimonial, que prohibía expresamente el matrimonio a las clases burguesas bajas si no demostraban su capacidad para mantener a la esposa. Él se enamoró por entonces, en 1814, de su vecina Therese Grob, quien lo encandiló durante una interpretación de una misa del propio Schubert con su angelical voz de soprano. Se unía también la bisoña edad de Schubert, que contaba entonces dieciséis primaveras. Hizo un intento infructuoso por obtener una plaza de profesor de música, que plasmó la imposibilidad de conseguirla. Ella, más t...

Adagio y Lamentación

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Jean-Honoré Fragonard - Las felices oportunidades del columpio Joseph Haydn (1732-1809) es un músico plenamente asentado en la actualidad en nuestro acervo cultural, por lo que podríamos pensar que su fama y notoriedad no mermó desde su muerte hasta nuestros días. Pero lo cierto es que vivió el homenaje de los libros y la historiografía, que es como un entierro en vida de su gloria, pues adquiere el mismo valor de consenso que mantenemos con que Cervantes es nuestro más insigne prosista, cuando pocos somos los que hemos leído de pe a pa sus dos quijotes. Así pues, siempre ha permanecido en la historia de la música, pero como una referencia esencial mas soslayada interpretativamente, hasta 150 años después de su muerte, en que comenzó su rescate en las salas de conciertos, que es donde debe pervivir la memoria de los compositores. Pudo haberle jugado una mala pasada la notoriedad de sus conocidos o amigos Mozart y Beethoven, pero tal vez influyó también su distinta vida y personalida...

Adagio Pastoral

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Waterhouse - el alma de la rosa   Está claro que Ludwig van Beethoven es uno de los grandes genios universales de la música. Pero para mí representa algo más. Después de tanto años de melomanía, es claro que ya me he acostumbrado a su lenguaje, y lo encuentro deleitante, aunque en ocasiones duro, y ello porque considero su lenguaje musical puro. Es la música absoluta o pura. Este es un concepto usado para designar la música que no presenta ningún programa ni ningún condicionamiento externo, por ejemplo, literario, en su concepción. Pero en el caso de Beethoven yo ahondaría un poco más. Es una música desnuda, trasparente, cristalina como el gotear de un inmaculado hontanar, abandonado de los melismas del viento o las suntuosidades de las mareas. Es pura armonía y ritmo, sin excesos ni aditamentos superficiales, sin afectación desbordada, como uno podría esperar del paradigma del romanticismo. Diríase que es el centro de la música occidental, a partir del cual evoluciona tanto al ...

Adagio para clarinete

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Claude Monet - Amanecer “Yo tenía una granja en Africa” ¿Qué buena historia de amor en el cine tiene un final feliz? ¿O en la literatura? ¿O que no sea amargo? Quizá se deba a que, para ser contada la historia, ésta debe haber finalizado. Porque mientras esté latente, ¿ quién pierde el tiempo en contarla en vez de vivirla? Es cierto que algunas se truncan por el óbito de uno de los circunstantes. Pero es que ninguna historia, por bella e intensa que sea, resiste el paso del tiempo y el bronco tajo de su aliada biológica, la muerte. El amor puede ser eterno, pero no nosotros, que somos su sustento. No es el amor quien muere, somos nosotros mismos.  Inocencia primera Abolida en deseo, Olvido de sí mismo en otro olvido, Ramas entrelazadas, ¿Por qué vivir si desaparecéis un día?  Sólo vive quien mira Siempre ante sí los ojos de su aurora, Sólo vive quien besa Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.  Fantasmas de la pena, A lo lejos, los otros, Los que ese amor perdieron,...