Adviento y Pascua

 

Pedro de Orrente - Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén

Georg Philipp Telemann (1681-1767) fue el más grande compositor barroco alemán. No solo por una cuestión de prestigio, de fama y de reconocimiento por parte de sus compañeros coetáneos, sino también por la extensión de su obra. No por una simple razón numérica, pues ha llegado hasta nuestros días un catálogo de más de 3.600 obras, sobre una hipotética cantidad total de más de 6.000. También lo es por haber tratado prácticamente todos los géneros musicales conocidos en su tiempo, tal vez no siendo un preclaro innovador (según quién quiera establecer estos conceptos), pero sí adentrándose en todos los estilos que su dilatada carrera y vida, que prácticamente fueron coincidentes, pues jamás dejo de trabajar hasta su muerte como octogenario avanzado, le permitieron conocer y desarrollar.

Si el actualmente más valorado es Bach, hay que considerar que éste no llegó a tocar sino de una manera muy breve y tangencial la música dramática, sin componer ninguna ópera, que su mermado catálogo de cantatas (lo que nos ha llegado no debe suponer la mayoría de las que compuso) queda muy por detrás de las más de 1.700 que compuso Telemann, con varias docenas de ciclos completos, algunos dobles, y una gran cantidad de ellas dedicadas a las fiestas navideñas.

Pero también fue importante e insigne por su espíritu libre, anticipo del espíritu por el que lucharon más adelante Mozart y Beethoven para dignificar, independizar y prestigiar el nombre de los músicos, pasando de ser artesanos de la música a verdaderos ídolos culturales.

En la Alemania de la época convivían dos tipos de entidades. Por una parte, los principados, electores o no, y por otro, las ciudades libres, ciudades que no estaban regentadas por títulos nobiliarios sino por consejos municipales, que rendían cuentas directamente al emperador. En las cortes, los músicos eran contratados por los príncipes para satisfacer los espectáculos particulares de asueto y los servicios religiosos propios. Sin embargo, en las ciudades libres quienes contrataban eran los munícipes. El músico que lograba la posición debía suministrar música religiosa para todas las iglesias, música dramática para sus teatros y música pomposa para todas las celebraciones salutatorias y conmemorativas. Telemann consiguió este puesto en la ciudad de Hamburgo, quizá la ciudad más prestigiosa musicalmente de entre las libres, prestigio al que contribuyó enormemente el quehacer del mismo Telemann, y cuyo trasunto cortesano bien pudiera ser la corte de Dresde.

Esto podría llevarnos a pensar que Telemann podía hacer lo que le viniese en gana, pero lo cierto es que, aunque te librabas del arbitrio y capricho nobiliario, los consejos municipales podían ejercer un severo hostigamiento sobre los compositores, como les acaeció a Bach y a Schelle en Leipzig en su momento.

De esta manera, y aunque pueda parecer arbitrio o capricho la temática de la cantata de hoy, pues trata de la entrada de Jesús a Jerusalén durante la celebración de la fiesta judía de la Pascua, no lo es tal. En el rito luterano, una de las lecturas evangélicas en la liturgia del 1º Domingo de Adviento consiste en este tema, que parece un extravío o desatino. No lo es tanto si atendemos que tanto la Cuaresma como el Adviento son fechas de expectación y esperanza en la venida de Dios. En las dos ocasiones aparece como un Jesús humilde, naciendo en una cuadra poco más o menos en un caso, durmiendo en un pesebre, y en el otro caso:

Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

Mateo 21, 6-9

montado en una humilde borriquilla para que se cumpliese aquello que ya se profetizaba en Zacarías 9, 9:

Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. 

Si lo pensamos bien, no está muy lejos de la lectura para ese día en la iglesia católica, que, atendiendo al mismo Evangelio de Mateo, reza:

37 Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.38 En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca;39 y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:40 dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán;41 dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.42 Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.43 Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.44 Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

Mateo 24, 37-44

con ambos pasajes adentrados en lo que podríamos ya considerar el relato de la Pasión de Jesús.

Esto nos muestra lo estrechamente relacionadas que están los dos periodos preparatorios. Además, si no cometiéramos el espóiler de advertir cuál es el final de la historia que comienza con el borriquito, al principio también era preámbulo de un festejo judío alegre, que celebraba la liberación de Jerusalén, sin saber, ni siquiera al final de la crucifixión, el tinte dramático y fatal de esas fechas para la historia de la humanidad.

La cantata es muy libre en su arquitectura, y no cita literalmente pasaje bíblico alguno. Son comentarios poéticos del episodio, para relacionarlo con la esperanza de redención en la venida de Jesús, y completándose, para tres corales que presenta, con fragmentos de las obras de autores previos: Paul Gerhardt, Johann Franck y Philipp Nicolai, todos de la escuela luterana de Wittenberg. Disfruta la cantata Was fürein jauchzendes Gedränge, TVWV 1:1509 para soprano, tenor y bajo.

 

 

Los números musicales van correlativos, así que déjalo avanzar hasta el número 9, inclusive.



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