Navidad barroca: Magnificat
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Bartolomé Esteban Murillo - Inmaculada "de los Venerables" Museo del Prado |
Vivaldi ha tenido la gran suerte de que sus
conciertos conocidos como Las cuatro estaciones tuvieran gran éxito y su figura no se
perdiera completamente en el olvido, pues, como era corriente en muchos
músicos, murió en la indigencia. Su figura estaba decayendo en su Italia natal,
entre otras cosas por el cambio en el gusto musical del público, lo que provocó
que se planteara mudarse a Viena para probar fortuna en la corte imperial,
teniendo en cuenta que era querido por el entonces emperador Carlos VI (nuestro
famoso contendiente en la Guerra de Sucesión española, por la facción de la
Casa de Austria) . Para el viaje tuvo que vender gran parte de sus partituras,
y cuando por fin llegó a Viena, Carlos VI falleció, con lo que perdió el favor
y la esperanza de un emolumento por parte de la corte que le permitiera
subsistir. Aun así, hasta hace más bien poco, Vivaldi, para la inmensa mayoría
del público musical, era el autor de estos cuatros conciertos y alguno más, que
para algún melómano maledicente, eran una continua remembranza de los mismos. Algo
así como que se dedicó en toda su vida a componer quinientas veces el mismo
concierto.
Ahora sabemos de su importante producción
operística y, también, de música sacra, que nos descubre un Vivaldi de aparentes
nuevas sonoridades. Gran parte de esta producción religiosa lo fue para la institución
en la que trabajaba en Venecia, el hospicio Ospedale della Pietá, una de
las cuatro instituciones sufragadas por la República para dar cobijo y
formación a los niños abandonados y huérfanos. Este en concreto era para niñas,
y en él se las instruía musicalmente, hasta el punto de formar unas
instrumentistas muy talentosas, que eran el sustento de la orquesta del
hospicio y para las que Vivaldi suministraba constantemente obras.
El descubrimiento de este talento desconocido se
sustanció en la tercera década del siglo XX, cuando aparecieron sus archivos
personales, que fueron adquiridos por la Biblioteca Nazionale in Turin. Fue
toda una sorpresa, porque aunque de Vivaldi se conocía que había sido
sacerdote, y se hubiera podido presuponer una dedicación a la sustentación con
música religiosa de la institución para la que trabajaba, jamás llegó a ser
maestro de capilla. Probablemente por dos razones. La primera, por la volatilidad
de su carácter. La segunda, porque esta tarea solía enconmendarse a organistas
o cantantes, que gozaban de más prestigio y posibilidades que él, que era un
simple violinista.
Ahora sabemos que él compuso obras religiosas
solamente en contadas ocasiones, aquellas en que bien el Ospedale della Pietá
permaneció sin maestro de capilla, bien cuando recibió el encargo de alguna
otra institución, de la ciudad o allende los arrabales venecianos.
En el Ospedale della Pietá también se
formaban cantantes, y aquí Vivaldi tuvo que afrontar un problema serio, porque
en aquella época, en Italia, no se permitía la actuación de coros mixtos.
Generalmente, en las iglesias se servían de un coro formado por varones de
tesitura de tenor y bajo, niños sopranistas, y niños contraltos o, en su lugar,
adultos castrati. Cuando la obra era compuesta para su institución
femenina, a veces se empleaban mujeres con tesituras graves si se podían
adaptar al papel, o trasponía la partitura, elevando una octava la misma, para que se
adaptase la música a sus voces. Cuando esta obra precisara ser tocada dentro
del ámbito del hospicio, se retocaba nuevamente la partitura.
De las obras sacras de Vivaldi, indudablemente,
la más famosa es su Gloria RV589, pero esto es sólo así tras su
reposición en 1939, por capricho del compositor Alfredo Casella, que la eligió
junto a la ópera L’Olimpiade para interpretarlas en una singular “Semana
Vivaldi”. Ello, junto a las bondades inherentes de la obra, la catapultaron a
la preferencia del melómano desde entonces.
Pero, en su época, fue mucho más reputado su
compacto y deleitoso Magnificat en Sol menor, compuesto para el Ospedale,
pero que tuvo más vida fuera de la institución que el Gloria. Lo
cual sabemos porque han sobrevivido copias del mismo en cortes lejanas como la
sajona de Dresde, la catedral St Vitus de Praga, el monasterio cisterciense de
Osek en Bohemia, y la catedral de Juan el Bautista en Breslau. El trabajo
fue adaptado en varias ocasiones, por gusto y para acondicionarlo también a las
necesidades instrumentales y vocales de los lugares donde se iba a interpretar.
La versión más antigua data de entre 1713-19, con una posterior revisión en los
años veinte, con el añadido de 2 oboes en la instrumentación y la organización
de la composición para 2 coros y 2 orquestas. En 1739 le dio un repaso más
profundo, con la alteración de la estructura de la obra, que pasó a que cada
frase de la oración fuese un número musical de la misma. Para entonces, el
estilo de Vivaldi también había evolucionado, y a la alegría meridional de las
composiciones italianas, se añadió o contagió del nuevo gusto galante que se
estaba abriendo paso en esa época. Todo ello, unido al virtuosismo del que disfrutaban
las jóvenes del hospicio, dio como resultado unos números solistas muy
espectaculares, próximos a las aria da capo operísticas, que no se completaban
por ser cada número el recitado de un solo verso, pero que estaban adornadas
del trinado brillante y de la floritura deslumbrante de las arias teatrales,
cual injerto dramático en el árbol sagrado. Debían ser de voces tan exquisitas, y la
composición hecha tan a la medida de sus cualidades, que los nombres de las
cantantes aparecen encabezando sus respectivos pentagramas: Apollonia, Maria,
Chiaretta, Ambrosina y Albetta. Lo que no es poco en una época donde cundía el
anonimato en según qué capas de artistas.
El comienzo del Magnificat, en su primera frase, es solemne y sobrio, pero ya en la segunda se contagia de la alegría de María por concebir el encargo de Dios.
Texto:
Magnificat anima mea Dominum,
et exultavit spiritus meus in Deo
salutari meo,
quia respexit humilitatem ancillae
suae.
Ecce enim ex hoc beatam me dicent
omnes generationes, quia fecit mihi
magna
qui potens est, et sanctum nomen
eius,
et misericordia eius
a progenie in progenies timentibus
eum.
Fecit potentiam in brachio suo,
dispersit superbos mente cordis sui,
deposuit potentes de sede,
et exaltavit humiles,
esurientes implevit bonis,
et divites dimisit inanes.
Suscepit Israel puerum suum
recordatus misericordiae suae,
sicut locutus est
ad patres nostros Abraham et semini
eius in saecula.
Traduccion:
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y se alegra mi espíritu en Dios, mi
Salvador;
porque ha puesto sus ojos en la humildad
de su esclava,
y por eso desde ahora todas las
generaciones me llamarán
bienaventurada, porque el Poderoso ha
hecho obras grandes en mí:
su nombre es Santo,
y su misericordia llega
de generación en generación a los que le
temen.
Él hizo proezas con su brazo:
dispersó a los soberbios de corazón,
derribó del trono a los poderosos
y enalteció a los humildes,
a los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió vacíos.
Auxilió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
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